La ciudad no es la misma para todos y cada uno de los que la fatigamos. Hay diversas Buenos Aires, una inclemente, otra fashion, una abandónica, otra reluciente, una infernal, otra de alta gama.
Y hay diversas humanidades. Hay quienes huelen bien y otros no tanto. Hay quienes viajan 2 horas para llegar a destino y otros van en auto con aire acondicionado y musica de moda. Hay quienes trabajan para comer, y otros que comen de más sin trabajar. Hay hijos y entenados.
Hay matices que lastiman, contrastes que indignan, paradojas de la ciudad puerto que sigue a contramano de las necesidades insatisfechas, en la avenida de la especulación y el negociado, con un intendente ausente aunque sonría por televisión.
Hay luces en el centro, angustias en el sur, y lujos en el norte. Son pocos pero hacen ruido. Mucho lujo. Mucho ruido. Los señores y señoras buena gente hasta se dan el lujo de quejarse por no poder comprar dólares para guardar en sus cajas de seguridad o gastar en sus viajes y vacaciones. Si ese no es un lujo el lujo dónde está...
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