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DICTADURA MILITAR

miércoles, 24 de marzo de 2010

La dictadura no terminó. Sus fantasmas nos atormentan los días con pasmosa impunidad. Vuelven a la superficie las pesadillas de terror y llanto. Jueces cómplices de la tragedia de sangre y muerte ocultan los secuestros de bebes y la rapiña de identidades. Periodistas corruptos, amanuenses de la ignominia, construyen mentiras a sabiendas de que sus perversidades pseudo informativas conducen el cardumen hacia el laberinto del engaño. Políticos aduladores de la impostura claman conciliación y olvido para cultivar la amnesia necesaria, y así volver a las andadas, ergo, reimplantar la injusticia social, los privilegios. Hace 34 años, comenzó el más sangriento e inescrupuloso saqueo de vidas y haciendas de toda la historia argentina. Los militares asesinos tomaron el control del Estado, con el beneplácito del poder económico, la jerarquía de la Iglesia y la oligarquía campestre. Sectores de la sociedad civil aplaudieron o miraron para otro lado cuando las patotas atravesaban las noches de la dictadura robando vidas. Derrocaron al gobierno constitucional de Maria Estela Martínez de Perón con la complicidad de partidos políticos, civiles y la prensa canalla, bajo la mirada protectora de los Estados Unidos. La Familia judicial se puso a las órdenes de los golpistas para justificar y "legalizar" la usurpación. Durante 7 años, secuestraron, desaparecieron y asesinaron a compatriotas que se opusieron al macabro plan de disciplinamiento social, diseñado en Washinton, para imponer el neoliberalismo en la Argentina. Asumía el control del país una Junta de Comandantes en Jefe integrada por el teniente general Jorge Rafael Videla, el almirante Emilio Eduardo Massera y el brigadier Orlando Ramón Agosti. “Control del país” significó, entre otras cosas, disolución de los partidos políticos y del Congreso, anulación de la libertad de prensa y expresión, reemplazo de la Corte Suprema de Justicia, supresión de toda actividad política y sindical, entrega económica. Y, fundamentalmente, muerte. Comenzaba el mayor genocidio de la historia nacional, en el siglo XX. Ya en el siglo XIX, el general Julio Argentino Roca (1843-1914) al hacerse cargo del Ministerio de Guerra y Marina, puso en marcha su plan de exterminio, en julio de 1878. J. A. Roca estaba resuelto a terminar con los antiguos pobladores del sur para afirmar lo que él denominó la “soberanía nacional”. El 24 de marzo de 1976, nuevamente, el terrorismo de Estado ocupaba los sillones de gobierno. El plan de exterminio estaba en marcha. Comenzó una impúdica entrega económica al capital multinacional. El golpe de marzo del 76 puso en marcha un proceso económico liberal de redistribución del poder y la riqueza. De la mano del ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, proveniente de la más rancia aristocracia porteña y hombre de confianza de la banca internacional, se implantó la reducción del déficit en base a las privatizaciones y la transferencia de los gastos a las provincias. La economía se “modernizó” abriendo las puertas a la importación, lo que obligó a la industria nacional a competir en un plano de absoluta desigualdad. REORGANIZAR y DISCIPLINAR a la sociedad argentina. El 24 de marzo de 1976, comenzaba un “proceso de reorganización y disciplinamiento” en todos los planos, llevado a cabo por las Fuerzas Armadas argentinas: En un contexto de desinstitucionalización de los conflictos sociales restablecer el orden era la consigna. Disciplinamiento y reorganización son dos conceptos que definen y sintetizan los resultados de las transformaciones implementadas por la dictadura militar en los planos económicos, social, político y cultural-ideológico, entre 1976 y 1983. Alcanzó al conjunto de la sociedad argentina. No se trató de recuperar la obediencia de grupos en desmadre que desconocían la autoridad de los gobernantes (Isabel), de los poseedores de poder coactivo (FF.AA leales a la Constitución) o a los capitalistas y terratenientes (UIA, CEA, SRA). Se trató de eliminar cualquier oposición al proyecto “refundacional” inspirado en las tendencias ideológicas, económicas y políticas de la época: el sometimiento de la sociedad argentina a la violencia del terrorismo de Estado y del libre mercado alentado por el neoliberalismo económico. Cientos de miles de argentinos expulsados del mercado de trabajo, urbano y rural, sin recursos suficientes para satisfacer las necesidades básicas de su familia. El “disciplinamiento” tuvo alcances inéditos porque incluyó no sólo a los sectores populares sino también a una parte de los sectores capitalistas. Al llegar a una determinada fase de desarrollo, ya no basta tampoco esta forma; los grandes productores nacionales de una rama industrial se unen para formar un trust, una agrupación encaminada a regular la producción; determinan la cantidad total que ha de producirse, se la reparte entre ellos e imponen un precio de venta fijado de antemano. Desde el punto de vista de la cúpula militar y los civiles que los apoyaban, el origen de los conflictos sociales en Argentina estaba relacionado con el desarrollo de la industrialización. Declaraban que era una actividad económica sostenida artificialmente por la intervención del Estado, motivando un exagerado crecimiento del aparato estatal y el fortalecimiento de un movimiento obrero organizado y dispuesto a defender sus derechos e intereses por diversas vías. EN ESTE CONTEXTO, LA APERTURA DE LA ECONOMIA fue, sobre todo, una decisión económica que perseguía objetivos políticos y sociales: transformar las relaciones entre empresarios y asalariados industriales urbanos. La lucha por la distribución de la riqueza era la causa de la persistente inflación que azotaba a la economía argentina. La falta de estabilidad impedía la llegada de las inversiones extranjeras a las cuales consideraban requisito para la esperada reactivación. Las políticas de la dictadura generaron condiciones favorables para la especulación financiera, un gigantesco endeudamiento externo y la comisión de delitos económicos por parte de funcionarios públicos y empresarios del sector privado... Y, finalmente, la estatización de la deuda externa privada (Domingo Cavallo), usada por los titulares de los préstamos para obtener beneficios particulares por la vía de la especulación y no de inversiones productivas. La política económica de la dictadura no profundizó los ejes sobre los que se había basado el desarrollo económico y social hasta 1976, sino que se proponía cambiar las bases de la organización de la economía argentina y redefinir las relaciones entre la economía, el Estado y los distintos actores sociales. Así, el aumento de la recesión y el desempleo profundizó el proceso de desmovilización social y política... En estos días, asistimos a una recidiva perversa de la intemperancia nativa, la destemplanza discursiva, el abuso judicial, los excesos desinformativos, el desenfreno mendaz, la intransigencia antipolítica, la intolerancia tilinga, la incontinencia verbal, la desconsideración permanente a los logros alcanzados en beneficio del conjunto, a pesar de tener (todavía) una democracia chueca. En definitiva, Se hace visible la marca de agua de las clases dominantes cipayas aliadas al poder internacional para el despojo de nuestras riquezas. Es nuestra oportunidad para decidir qué país nos merecemos. DESDE EL MPB DECIMOS, PENSAMOS, MILITAMOS, GANAMOS LA CALLE:
CONTRA LA DICTADURA QUE VUELVE...
* LOS JUECES QUE NOS PROHIBEN LA LEY DE MEDIOS DE LA DEMOCRACIA * LOS MONOPOLIOS QUE OCULTAN EL SECUESTRO DE BEBES * LOS POLITICOS "OPOSITORES" QUE LLAMAN AL OLVIDO * LOS ASESINOS Y TORTURADORES LIBRES
* LOS 400 NIETOS POR RECUPERAR TODAVÍA
MOVIMIENTO PERONISTA BLOGUERO