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AMOR REVOLUCIONARIO

domingo, 27 de febrero de 2011

“Tú serás del que te ame, del que recoja en tu huerto lo que he sembrado yo”. Esta frase pertenece al poema Farewell del libro Crepusculario de Pablo Neruda y obviamente tiene que ver con su larga etapa dedicada al amor.

Pero en una transpolación brutal de mi parte, es la sensación que algunos compañeros transmiten. A ver, cuando el terreno era espinoso, lleno de cardos, y jirones de piel quedaban en medio de la lucha, muchos hacían el papel del espectador atónito que observaba azorado y pasivo, cómo la contienda se desarrollaba ante sus ojos y esto por no mencionar a los que estaban, confundidos, en el otro campo.

La sensación es trasmitida de distintos ámbitos y lugares de la militancia. Resulta ser que ahora, con la tierra ya carpida, sembrada con sudor y amor por compañeros y compañeras que no dudaron al momento de defender al modelo, injustamente son dejados de lado porque florecen mil flores en donde la tierra fue arada solo por algunos.

Las organizaciones libres del pueblo, en más de una oportunidad convocadas, no sienten en su conjunto la reciprocidad, cuando éstas o algún componente de éstas, necesitan, o simplemente quieren, plantear una inquietud, o profundizar una idea.

Nunca sabré si son las luces del centro, si son las alfombras de los despachos, si es la altura de los edificios, o algún componente extraño en el agua que les perturba de inmediato la visión revolucionaria que traían dos minutos antes de acceder a las luces del centro, a los despachos alfombrados, a los edificios altos o al agua que perturba.

Tal vez también la acumulación de capas geológicas de las distintas administraciones haga que la burocracia tome tintes laberínticos en donde el compañerismo se pierde.

Me preguntaban y pregunto: ¿dónde quedó la lucha por la construcción colectiva de algunos que despegaron del rebaño militante?.

De todas maneras, a los más y a los menos me digo y les digo con fuerte anclaje en la esperanza, que el movimiento necesita de esta tensión interna, necesita la lucha. Parece ser ésta la energía básica, la sabia que nutre nuestras raíces de más de 200 años.

Escuchamos durante demasiado tiempo: “hay que dar el debate”, y cuando los compañeros y compañeras quieren darlo, siempre aparece algún burócrata que dice: “que no es el momento”, que dice: “que puede ser funcional al adversario”. Al afirmar esto, nos dan a entender que creen que el pueblo realmente no es sabio.

Gritamos, con ardiente paciencia, que la militancia está lista para esto y mucho más y que va a pasar, más temprano que tarde, a pesar de los enemigos de la acción.

Para que el poder popular salga de lo abstracto, debe el pueblo justamente procurar ser instrumento de poder, no desde la lateralidad, no como mera comparsa, sino desde los resortes mismos que lo activan. Poder para modificar y profundizar la realidad. Este es el más seguro antídoto contra la burocracia que demora la revolución.

La caracterización del momento en que se vive, puede tener tantas miradas como componentes el movimiento. Lo cierto es que en un punto hay que dar la gruesa pincelada que marca lo táctico y que determina lo estratégico: “para algunos acomodados, todo lo logrado puede ser un techo. Para los revolucionarios, todo lo logrado, es el piso que se va elevando a la medida del crecimiento”.

Afortunadamente está Cristina, que por más caminos laberínticos del poder que ha transitado y transita, no ha perdido el Amor Revolucionario.

Cierro con Neruda, me abrazo una vez más a la bandera de Evita y digo: “A nadie te pareces desde que yo te amo”.

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